Pobreza extrema: Francisco Flores Legarda

Nota publicada el dia 8 Mar 2017

cielitto444777“Cuando te enfermes, en lugar de odiar

 ese mal, considéralo tu maestro.”

 

Jodorowsky

 

 

En dicho evento se analizó la situación de algunas de las áreas federales manejadas por la Conanp, presentándose al final una conferencia magistral impartida por Eckart Boege, antropólogo de origen sueco, quien venía realizando un estudio en el que se investigaba el papel de los pueblos indígenas en la conservación de la agrobiodiversidad en México. Entre las cosas que más nos llamó la atención de los resultados preliminares que expuso Eckart, fueron los datos y mapas en los que sustentaba que uno de los sitios donde se albergaba una importantísima diversidad biológica en el norte del país era precisamente la Sierra Tarahumara.

 

En 2008 este investigador publicó el libro en el que plasmaba los resultados de su estudio al que había invertido casi una década (El patrimonio biocultural de los pueblos indígenas de México, INAH-CNDPI), en el cual destaca una enseñanza que la mayor parte de la población mexicana, de manera dominante mestiza, debe considerar: son las etnias nativas del país quienes mejor han valorado la riqueza biogenética existente en el territorio nacional, la cual han usado y a la vez conservado por miles de años, entre ellas los llamados rarámuris que viven la Sierra Madre Occidental.

 

Por esa razón WWF, organismo internacional dedicado a la conservación de la naturaleza, promovía junto a la Conanp crear un espacio protegido en esos ecosistemas de bosque templado, donde también coexisten otros de distinto tipo debido a la variación climática determinada por el relieve y factores adicionales que propician la presencia de esa riqueza biótica, y son tarahumaras los responsables de su cuidado manteniendo la custodia de esos recursos como parte de la cosmovisión creada en su relación milenaria con la naturaleza.

 

Ante tales antecedentes no deja de preocupar la reciente información sobre la hambruna por la que atraviesa esta etnia, que si bien no es nueva, lo que indica es no solo la ausencia de una política de Estado que atienda las condiciones de marginación que sufre esa población, sino la indiferencia de los ciudadanos hacia tales sucesos; obvio es que ni el viejo régimen ni los recientes gobiernos de la alternancia dieron resultados más allá de ser permisivos o cómplices con la madeja de intereses que se han aprovechado de esta situación de expoliación del bosque que en siglo y medio de tala lo han sobreexplotado, a la vez de dar un trato político corporativo-clientelar a los tarahumaras.

 

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en la Zona Tarahuamara existen altos índices de marginación social que ubican a su población entre el 80 y 90 por ciento en condiciones de pobreza, o entre el 40 y 55 por ciento en pobreza extrema (Batopilas 91.9 y 55.4, Guadalupe y Calvo 89.8, y 47.1, Urique 86.6 y 43.1, Guachochi 83.2 y 52.4, respectivamente), muy por encima de los valores que presentan los municipios laguneros con mayor porcentaje de pobres como San Juan de Guadalupe (76.0 y 21.8) o Simón Bolívar (71.5 y 18.0).

 

Si comparamos la cosmovisión indígena sobre la naturaleza como parte de su entorno, podríamos afirmar que tiene un mayor soporte cultural que nuestra cultura civilizatoria occidental, que bajo el capitalismo ve sólo los recursos naturales como mercancía, y quizá si se quiere continuar conservando esa diversidad biológica es mejor que sean ellos quienes la manejen, pero también se acote a quienes han lucrado con ella (madera, minerales, droga, agua) antes de que la deterioren de manera irreversible o propicien la extinción de la etnia.

 

Nuestra solidaridad ciudadana para los rarámuris, y nuestra exigencia para los diversos niveles de gobierno, principalmente federal y estatal, quienes están obligados a apoyarlos.

 

Salud y larga vida y luchar para vivir.

 

@profesor_F

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